Las Dificultades del Católico ante el juicio de los No-Católicos
“Si alguna vez oyes una dificultad contra la Religión Católica y no sabes resolverla, no te alarmes por eso. Es imposible que tengas a mano los conocimientos necesarios para resolver todas las dificultades, y para demostrar que la tal dificultad es muchas veces un sofisma, un engaño, un falsear la verdadera realidad de las cosas.
Pero no por eso debes darte por vencido. Acude a una persona que entienda de Religión y pueda resolvértela. Ten la seguridad de que todas las «pegas» contra la Religión tienen su solución, aunque tú no la conozcas. Es más, han sido solucionadas ya muchas veces; pues los enemigos de la Iglesia siempre están repitiendo las mismas cosas, y no se dan por enterados de las soluciones que ya se han dado.
Acerca de los que tienen dificultades contra la Religión hay que tener en cuenta que algunos preguntan para aprender (desean encontrar soluciones a sus dificultades), pero otros preguntan para atacar, y desearían que sus preguntas no tuvieran respuesta, para así tener una excusa al sacudirse de encima el cristianismo porque les estorba.
Para instruirse en Religión es muy conveniente oír conferencias religiosas y leer libros de formación religiosa. Todos debemos preocuparnos de tener una formación religiosa proporcionada a nuestro estado y a nuestra cultura humana y profesional…
Cuando en un grupo se entabla una discusión de Religión, verás que, generalmente, los que llevan la voz cantante son los que menos saben de Religión, pero que su ignorancia los hace tremendamente audaces. A éstos es difícil convencerles, porque su amor propio rechazará los mejores argumentos. Pero si en el corro hay gente de buena voluntad, a quienes crees que tu solución puede ser provechosa y disipar errores, expón tu pensamiento con calma y con vista. Te será además útil pasar a la ofensiva, descubriendo la ignorancia religiosa del que disparata.
Con todo, has de procurar no ofender a nadie, si no es necesario. Pero sé fuerte si alguno tiene positivamente mala fe y quiere propagar el mal. Ataca su error aunque se ofenda.
Si alguien toma el arma del ridículo contra la Religión, tómala tú también para defenderla. Es muy importante que consigas que los que se están riendo en el grupo se pongan de tu parte.
Si no te sientes con fuerza para dominar el grupo, has de saber que, después, en particular, te será mucho más fácil hacerles bien, y encontrarás razonables a muchos que en el grupo parecían fanfarrones.
En las discusiones de religión con descreídos suelen presentarse los siguientes pasos:
Primero el descreído empieza con aires de superioridad, como si los católicos fuéramos unos ignorantes.
Cuando se las da razones de nuestra fe, entonces empiezan a contar historias de malos sacerdotes.
Cuando se les refuta sus generalizaciones con historias de sacerdotes ejemplares y de santos, entonces se nos dice que somos unos soberbios por creernos en posesión de la verdad. Y se quedan atónitos ente nuestra respuesta:
¡Efectivamente! Así es. Porque si no estuviera seguro de la verdad de la Iglesia Católica, no sería un católico convencido.”
P. Jorge Loring S, J, - Tomado de su libro “PARA SALVARTE”
El materialista convencido dice: no hay Dios, ni cielo, ni espíritu, ni otra vida después de la hora de la muerte.
El espiritualista (los creyentes suelen serlo, aunque no siempre nos acordamos de ello) dice: hay Dios, cielo, espíritu y otra vida más allá de la frontera.
No existe ningún método químico, ninguna prueba de laboratorio, para decidir quién tiene razón y quién se equivoca. Si hubiese algún método evidente, claro, indiscutible, para llegar a una respuesta definitiva en este tema, hace siglos que habría terminado la discusión entre espiritualistas y materialistas. Pero la disputa sigue en pie, y todos nos encontramos a un lado o al otro de la plaza.
Llegará, sin embargo, el momento en el que este asunto quedará “resuelto” para siempre: tras la hora de la muerte.
Las posibilidades, a la hora de llegar a la tumba, son dos: o no existe otra vida, o sí existe y continuamos nuestra existencia (obviamente, de otro modo) porque tenemos la chispa del espíritu.
Ocurre, sin embargo, algo paradójico. Si todo se termina con la muerte, si la creencia en el espíritu era un error inmenso o un engaño maquiavélico, el materialista no podrá decir, tras la muerte, que tenía razón. A la vez, el espiritualista no se dará cuenta de que había vivido equivocado, ni se lamentará por haber soñado en un cielo inexistente. Los dos se esfumarán, como el humo que disipa el viento, como el fuego que agoniza con la lluvia que cae sobre la hoguera.
En cambio, si somos espirituales, si tenemos una vocación eterna, si Dios nos espera en la otra orilla, la situación será sumamente diversa. El espiritualista, el creyente, gozará infinitamente al descubrir que tenía razón, que había vivido pensando en el cielo. El materialista, en cambio, deberá reconocer su error. Tal vez tendrá que enfrentarse con consecuencias no esperadas, con responsabilidades que había descartado por no creer que hubiese nada más allá de la frontera.
Pascal (1623-1662) preguntaba: ¿quién tiene más miedo de la otra vida, el que piensa que no existe algo tras la muerte y se comporta de tal manera que, si hubiese cielo o infierno, mereciese el infierno? ¿O el que cree en la vida eterna, y se esfuerza por alcanzar el premio que la virtud recibe tras la muerte?
Son dos modos de vivir muy diferentes, casi contrapuestos, aunque luego, ateos y creyentes (creyentes de verdad) parezcan vestir igual, entrar juntos por la mañana a la oficina, y salir los fines de semana fuera de la ciudad en busca de un poco de descanso.
La tumba espera, imperturbable, con su silencio y sus enigmas. Más allá (así lo espero, así lo creo) está un mundo misterioso y bello, donde Dios abraza a sus hijos, para vivir, eternamente, en la dicha de los cielos.
Hola Amigo que me visitas, a lo mejor por casualidad, o por error, en fin ya estas aquí nomás espero el contenido te sea de mucha bendición...
¿Suerte? ¿Mala suerte? ¿Quién sabe?
Una historia china habla de un anciano labrador que tenía un vieja yegua para cultivar su campo. Un día la yegua escapó las montañas. Cuando los vecinos del anciano labrador se acercaron a él para condolerse y lamentar su desgracia, el labrador replicó: ¿Mala suerte? ¿Quién lo sabe?
Una semana después la yegua volvió de las montañas trayendo consigo una manada de caballos salvajes. Entonces los vecinos felicitaron al labrador por su buena suerte. ¿Buena suerte? ¿Quién lo sabe? Cuando el hijo del labrador intentó domar uno de aquellos caballos salvajes, cayó y se rompió una pierna. Todo el mundo consideró esto como una desgracia. No así el labrador quien se limitó a repetir: ¿Mala suerte? ¿Quién lo sabe?
Una semana después el ejército entró en el pueblo y fueron reclutados todos los jóvenes que se encontraban en buenas condiciones. Cuando vieron al hijo del labrador con la pierna rota, lo dejaron tranquilo. ¿Había sido buena suerte? ¿Quién lo sabe?
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Y el cuento no termina y no puede terminar nunca porque nunca se puede saber si algo es bueno o malo en sentido definitivo. Hasta que se encuentra la respuesta en Dios todo puede ser bueno o malo. Si Dios no existe estamos abandonados en manos del azar, de la suerte o de la mala suerte según que nos guste o nos desagrade. Pero nunca sabemos si algo es verdaderamente bueno o malo.
Pero si Dios existe y es nuestro Padre, entonces podemos afirmar que "Todo coopera a bien para lo que Dios llama a ser santos"(Ro. 8,28). Hasta las que llamamos desgracias son en realidad gracias porque vienen de las manos de Dios al cual hay que dar gracias "siempre y en todo lugar" (Prefacio de la S. Misa) El único mal que tenemos que temer lo podemos cometer nosotros mismos y es el pecado. Pero el pecado no es una mala suerte sino una decisión negativa que podemos siempre evitar o de la cual pedir perdón a Dios. Esto significa aquella misteriosa expresión de Jesús: "Teman más bien al que puede echar el alma y cuerpo al infierno" (Mt 10,28) es decir, hay que temer de sí mismo porque solamente por nuestra libre decisión podemos separarnos de Dios. Nadie sino nosotros pueden separarnos de Dios: "Ni la muerte, ni la vida ni los ángeles ni los poderes espirituales, ni el presente ni el futuro ni las fuerzas del universo, podrá separarnos del amor de Dios que encontramos en Cristo Jesús, nuestro Señor" (Ro. 8,38)
Un profesor universitario retó a sus alumnos con esta pregunta: ¿Dios creó todo lo que existe? Un estudiante contestó valiente: Sí, señor. ¿Dios creó todo?, preguntó nuevamente el profesor. Sí, señor, respondió el joven. El profesor contestó: Si Dios creó todo, entonces Dios hizo al mal, pues el mal existe, y bajo el precepto de que nuestras obras son un reflejo de nosotros mismos, entonces Dios es malo. El estudiante se quedó callado ante tal respuesta y el profesor, feliz, se jactaba de haber probado una vez más que la fe era un mito. Otro estudiante levantó su mano y dijo: ¿Puedo hacer una pregunta, profesor? Por supuesto, respondió el profesor. El joven se puso de pie y preguntó: Señor Profesor, ¿existe el frío? ¿Qué pregunta es esa? Por supuesto que existe, ¿acaso usted no ha tenido frío? El muchacho respondió: De hecho, señor, el frío no existe. Según las leyes de la Física, lo que consideramos frío en realidad es la ausencia de calor. Todo cuerpo u objeto es susceptible de estudio cuando tiene o transmite energía. El calor es lo que hace que dicho cuerpo tenga o transmita energía. El cero absoluto es la ausencia total y absoluta de calor. Todos los cuerpos se vuelven inertes, incapaces de reaccionar, pero el frío no existe. Hemos creado ese término para describir cómo nos sentimos si no tenemos calor. Y, ¿existe la oscuridad?, continuó el estudiante. El profesor respondió: Por supuesto. La luz se puede estudiar, la oscuridad no, incluso existe el prisma de Nichols para descomponer la luz blanca en los varios colores en que está compuesta, con sus diferentes longitudes de onda. La oscuridad, no. Un simple rayo de luz rasga las tinieblas e ilumina la superficie donde termina el haz de luz. ¿Cómo puede saber cuán oscuro está un espacio determinado? Basándonos en la cantidad de luz presente en ese espacio, ¿no es así? Oscuridad es un término que el hombre ha desarrollado para describir lo que sucede cuando no hay luz presente. El estudiante contestó: Nuevamente se equivoca, señor. La oscuridad tampoco existe. La oscuridad es en realidad ausencia de luz. Finalmente, el joven preguntó al profesor: Señor, ¿existe el mal? El profesor respondió: Por supuesto que existe, como dije al principio, vemos violaciones, crímenes y violencia en todo el mundo, esas cosas vienen del mal. A lo que el estudiante respondió: El mal no existe, señor, o al menos no existe por sí mismo. El mal es simplemente la ausencia de Dios. Al igual que los casos anteriores, el mal es un término que el hombre ha creado para describir esa ausencia de Dios. Dios no creó el mal. El mal no es como la fe o el amor que existen como existen el calor y la luz. El mal es el resultado de que la humanidad no tenga a Dios presente en sus corazones. Es como el frío cuando no hay calor o como la oscuridad cuando no hay luz. Entonces el profesor, después de asentir con la cabeza, se quedó callado.
El joven discípulo de un filósofo sabio llega a casa y dice: -Maestro, un amigo estuvo hablando de ti con malevolencia... - ¡Espera! - lointerrumpe el filósofo - ¿hiciste pasar por las tres rejas lo que vas a contarme?- -¿Las tres rejas? Preguntó el discípulo. -Si, la primera es la verdad. ¿Estás seguro de lo que quieres decirme esabsolutamente cierto? No. Lo oí comentar a unos vecinos - dice el joven. -Al menos lo habrás hecho pasar por la segunda reja, que es la bondad. Eso quedeseas decirme,
¿es bueno para alguien? -No, en realidad no. Al contrario -¡Ah, vaya! La última reja es la necesidad. ¿Es necesario hacerme saber eso quetanto te inquieta? - Pregunta el filósofo -¡A decir verdad, no! - comenta apesadumbrado el discípulo. -Entonces - dijo el sabio sonriendo - si no es verdad, ni bueno, ni necesario, sepultémoslo en el olvido. ----------------------------------------------------------------------------------------------------------
CUANDO HABLES PROCURA QUE TUS PALABRAS SEAN MEJORES QUE EL SILENCIO...
Me acuerdo de un rabino que sirvió fielmente a Dios durante toda su vida. Un día, le dijo a Dios: "Señor, te he adorado con devoción y he obedecido la Ley. He sido un buen judío, pero ahora estoy viejo y necesito ayuda. ¡Señor, déjame ganar la lotería para tener una vejez tranquila!" Y rezó, rezó, rezó. Pasó un mes y dos, cinco un año entero, tres años se fueron. Un día el hombre desesperado, dijo: "¡Dios, decídete!" Y Dios: "¡Decídete tú! ¿Por qué no compras el billete?"
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El cuento, un poco ridículo, nos dice que Dios no nos libera del esfuerzo y de la iniciativa para resolver nuestros problemas. Para eso nos dio la libertad y la inteligencia. No hay que esperar de Dios lo que podemos hacer nosotros. Pongamos el caso, la cosa no está así, que dependa de Dios que salga el gordo de la lotería, pero al menos comprar el billete, depende del hombre
Muchos cristianos se dirigen a Dios en la oración y le piden gracias que él no puede dar. "Si alguien no quiere trabajar que no coma" (2 Tes 3,10) dice S. Pablo a los cristianos de Tesalónica que se quedaban ociosos viviendo a costas de los demás o esperándolo todo de Dios. Dios no favorece a los haraganes.
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Decisiones: algo nuevo en el mundo
Hay que pensar en serio si quiero ser un pequeño artífice de bien o un simple estorbo
Cada una de nuestras decisiones introduce algo nuevo en el mundo.
A veces pensamos que ciertas elecciones son insignificantes, sin valor, sin transcendencia. En realidad, quedarme a estudiar o ir de excursión, ver este o aquel programa televisivo, leer un libro de aventuras o uno de filosofía, tomar más o menos copas de cerveza... son decisiones que “entran” en mi vida, que llegan a ser parte de mí mismo, que me modifican.
No sólo yo quedo “tocado” en cada decisión. También los demás, los más íntimos, los más cercanos, sienten los efectos de mis decisiones. Si obedezco con alegría a mis padres, si doy largas a las peticiones de un amigo, si olvido a aquella persona a la que prometí una llamada por teléfono, si descuido mi atención a la hora de apretar bien un tornillo... otros serán afectados, para bien o para mal, de lo que inicia en el mundo a partir de lo que yo hago o de lo que yo deje de hacer.
Los cercanos... y los lejanos, el mundo entero, quedan afectado por mis actos. No es indiferente si me comprometo en serio por guardar con atención la basura o si arrojo materiales peligrosos en el primer lugar que se me ocurre. Mi barrio, mi ciudad, el planeta tierra, van mejor o peor según mis costumbres, según mi preocupación por el ambiente, según mi deseo de evitar gastos inútiles o comportamientos que aumentan la contaminación en un mundo sumamente frágil.
Mis decisiones afectan, por lo tanto, a millones y millones de personas que necesitan una mano amiga. Personas que sufren por el hambre o la injusticia, por la enfermedad o el desprecio, por la soledad o por abusos en contratos de trabajo inhumanos.
Cada una de mis decisiones introduce algo distinto, nuevo, bueno o malo, justo o injusto, en este mundo de contradicciones y de esperanzas.
Hay que reflexionar profundamente antes de tomar una decisión, de empezar un nuevo acto. Hay que pensar en serio si quiero ser un pequeño artífice de bien o un simple estorbo. Hay que escuchar la voz humilde y sencilla de Dios que me repite, con un tono suave e íntimo, que hasta un vaso de agua dado a un pequeñuelo no quedará sin recompensa. Porque ese gesto de cariño habrá introducido algo bueno, algo bello, en el mundo de los corazones sedientos de amor sincero.
Hola te saludo desde mi habitacion en la casa N° 23 de la ciudad de S, M que me alberga tan acogedoramente.
No está mal. Mi Habitación Es bonita y tranquila para estudiar y descansar.
Hoy siento nostalgia. Las noches silenciosas son aptas para meditar.
T Tal vez por eso me has venido al pensamiento.
Te quiero y deseo casarme contigo, pero todavía no te conozco.
He puesto sobre mi mesa de estudio tu «portarretratos", pero sólo está el marco y la cartulina. Un día estará tu fotografía.
Aún no sé qué imagen externa tienes, pero como conozco tu imagen interior, te imagino muy guapa también por fuera, al menos para mi gusto.
Quiero decirte que, hace algun tiempo, me planteé qué quería Dios de mí y, después de rezar mucho y debidamente aconsejado, ahora sé que mi vocación no es el sacerdocio, sino la vida matrimonial. Desde que opté por esa vocación, me he trazado un proyecto de vida que me prepare para esa gran misión. Y no sólo de cara a Dios, sino de cara a tu persona.
No te conozco todavía, pero Dios sí te conoce; y creo que te ha pensado para mí. Y que a mí me ha destinado para ti.
Cada día rezo a Dios por ti. Le pido que te haga muy «guapa por dentro». Es lo más importante. Y yo me esfuerzo y le pido que me haga digno de ti.
Ahora me estoy trabajando para dominar mi temperamento, para que sea más fácil nuestra convivencia... y pido lo mismo para ti.
Bastantes de mis compañeros ya salen con una o mas chicas, y es para ellos normal cambiar de pareja cada mes, no les envidio ni les recrimino eso.
Yo te sigo buscando. No quiero precipitarme, a pesar de que me cuesta soportar mi soledad afectiva en más de una ocasión; pero es un esfuerzo que vale la pena. Ya tendremos tiempo, si Dios quiere, de caminar juntos, y no sólo de miramos el uno al otro embobados y sensibleros. Porque entiendo que amar no es mirarse el uno al otro; amar es mirar y caminar unidos en la misma dirección.
Cuando cada lunes escucho a alguno de mis compañeros -de los más «liberales»- hablar de sus «conquistas» y de sus «ligues» de fin de semana... no le tengo envidia. Todo esto me estimula en mi camino hacia ti. Me esfuerzo -y Dios me ayuda- para que mi corazón, cuando te lo entregue, sea de «primera mano». Y también mi cuerpo, santificado por la presencia del Espíritu Santo. Necesito que tú compartas mis ideales.
¡Te amaré tanto, amiga mía! Bueno, te amo, ya. Y comprendo que he de ser mejor cada día por ti, porque tú te lo mereces. Tú haces que yo quiera ser mejor. Gracias a ti encuentro motivaciones para no bajar la guardia ni un momento. Estoy convencido de que Dios te inspirará estos mismos deseos, porque se lo pido cada día.
De momento guardo esta carta. Ya te la entregaré cuando nos conozcamos. Te escribiré más adelante.
Hola mi nombre es Marlon tengo 22 años, soy Misionero Ápostol de la Palabra, Cristiano Católico, Ingeniero Civil de profesión, me encanta leer, jugar Futbol y estudiar las Sagradas Escrituras, Gracias por visitar mi blog, Un Abrazo, Dios les Bendiga...
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